Necrópolis de las Aguilillas

Las tumbas de las Aguilillas forman parte de la necrópolis prehistórica (II Milenio a.c.) construida en cuevas artificiales al sur de la Península Ibérica. Descubierta a finales de los años ochenta y estudiada en 1991, compuesta por siete tumbas entre 2100 y 1900 años a.c. En un periodo de tránsito entre la Edad del Cobre y la del Bronce. Parece ser que estuvo asociada al poblado de El Castillón que se encuentra a unos 500 metros al otro lado del río Guadalteba.

Por sus formas arquitectónicas, por los restos humanos y por los ajuares arqueológicos hallados, son de las mejor estudiadas y de las que han ofrecido más información sobre la vida y la muerte de los primeros habitantes de Guadalteba. Según los estudios realizados, fueron enterradas unas 50 personas de distintas edades y sexos, los enterramientos son de segunda deposición (sólo huesos). Las tumbas fueron construidas manualmente con picos de piedra (recuperados unos doscientos de sílex y otros materiales), y junto a los restos humanos fueron encontrados ajuares consistentes en vasijas de cerámica, cuchillos de sílex y adornos personales (collares), así como objetos metálicos como puntas y punzones, y unos ídolos femeninos en piedra.

Algunos de los sepulcros son parecidos a las estructuras megalíticas aéreas o construidas sobre el suelo, del tipo denominado corredor, compuesto por un corredor y una cámara. En otras tumbas en lugar de un corredor encontramos una antecámara.

Fue muy común el uso de hornacinas y nichos laterales excavados donde se depositarían los restos óseos. Las tumbas cuentan con un sistema de evacuación de aguas mediante canales excavados en la roca En el transcurso del recorrido, se pueden ver también restos de unas trincheras realizadas durante la Guerra Civil española.

A la entrada del complejo encontramos paneles informativos que nos indican el trazado de la ruta circular, que consta de unos 2 km de recorrido señalizados, de dificultad media-baja.

Situado entre los valles del Guadalteba y Turón, en un promontorio de areniscas del Mioceno que se levanta unos 500 metros sobre el nivel del mar. La necrópolis prehistórica de las Aguilillas se descubrió a finales de los años ochenta y fue estudiada en 1990. Son siete estructuras funerarias excavadas en la roca que han conservado las cámaras sepulcrales y numerosos nichos a su alrededor. Algunas de ellas conservan los corredores de acceso. Se estudiaron más de dos mil piezas arqueológicas y una cincuentena de personas, de ambos sexos y todas las edades, que fueron enterradas en estas sepulturas entre los años 2.100 y 1.900 antes de nuestra era. En un periodo de tránsito entre la Edad del Cobre y la del Bronce.

Los enterramientos fueron siempre en segunda deposición (sólo de huesos) y con ellos se depositaron ajuares consistentes en vajillas de cerámica, cuchillos de sílex y adornos personales (collares). Así mismo, se descubrieron una serie de objetos metálicos (puntas palmelas y punzones) junto a unos ídolos femeninos en piedra.

Las tumbas de las Aguilillas forman parte de las necrópolis prehistóricas construidas en cuevas artificiales del sur de la Península Ibérica, por sus formas arquitectónicas, por los restos humanos y por los ajuares arqueológicos, son de las mejor estudiadas y de las que han ofrecido más información sobre la vida y la muerte de los primeros habitantes del Guadalteba.

Hace más de cuarenta siglos, con un clima parecido al nuestro, los habitantes de la Comarca del Guadalteba desarrollaron una economía basada en el pastoreo de Cabras y en una agricultura de subsistencia que sembraba trigo, cebada, habas, guisantes y poco más. Las tribus disponían también de algunos cerdos, bueyes y caballos. No habían abandonado la caza, sobre todo de cabras monteses, conejos y liebres. En las aldeas, con cabañas semicirculares, eran frecuentes los perros, aprovechados como animales de compañía, vigilancia y ayudantes de la caza. Las actividades cotidianas incluían la recolección de miel, de colorantes minerales, de rocas de sílex para fabricar herramientas cortantes, madera para mangos y muebles, se recogía la sal de las Lagunas de Campillos –Fuente de Piedra, para la conservación de alimentos. La fabricación de cerámica también llenaba de ocupaciones los días. De vez en cuando, los primeros comerciantes recorrían los valles con los novedosos objetos de metal, abriendo rutas de intercambios entre el Guadalquivir y la costa del Mediterráneo. Estamos en la Edad del Bronce.

Estos valles y montañas estuvieron ocupados desde el Paleolítico, como demuestran las numerosas herramientas de caza abandonadas en las orillas de los ríos y las extraordinarias pinturas y grabados conservados en la Cueva de Ardales.

Hace más de siete mil años, las primeras tribus pastoras y agricultoras se asentaron por estos valles, ocupando los territorios fértiles y los pastos de montaña de la Comarca del Guadalteba.

Con el paso del tiempo este territorio se fue constituyendo como un lugar de paso entre los llanos de Antequera y la Serranía de Ronda, entre el litoral del Mediterráneo y el valle del Guadalquivir. Las poblaciones, que vivían en este enclave, ya conocían el metal y habían desarrollado una economía que explotaba la tierra y criaba animales.

Esta incipiente sociedad de clases es la que construyó las tumbas en Las Aguilillas, una serie de panteones familiares agrupados que se convirtió en una gran necrópolis. Una aldea de los muertos en un lugar centralizado, cercano a sus hábitats y poblados.

Estas tumbas se excavaron en la roca hace 4.000 años, aproximadamente.

TUMBAS 1, 2 Y 3

Las estructuras 1,2 y 3 conforman un conjunto de gran interés arquitectónico. En los tres casos, la arenisca fue horadada con picos de piedra, de los que se pudieron estudiar más de doscientos. Con estas herramientas de canteros, recuperadas en los entornos de las tumbas, se realizaron todas las estructuras de la necrópolis. En dos de estas tumbas son muy evidentes los corredores de acceso y el empleo de losas de cierre de las que han quedado las ranuras de apoyo.

La tumba 1 ha llegado a nosotros incompleta o sencillamente, no se terminó de construir. Actualmente presenta los restos de una cámara y dos nichos.

La tumba 2 tuvo corredor, un nicho en la antecámara, en su origen cubierto por losas conformando una falsa cúpula, y gran cámara central con dos nichos laterales.

La tumba 3 conserva un corredor y tuvo una pequeña antecámara, cubierta también con losas dispuestas en aproximación de hiladas y una cámara circular carente de nichos. En el suelo se observa una ranura para encajar una gran losa.

TUMBA 4

Esta tumba puede considerarse una construcción semirupestre, dado que, con toda probabilidad, se escavó sin corredor y con una planta ovalada que contenía la antecámara y la cámara separadas por un tabique. Los restos de un pilar apoyaría la idea de que se culminó con una cubierta apoyada en los postes de madera que han dejado sus hoyos alrededor de la tumba. Su aspecto final sería parecido a una cabaña o un túmulo.

El proceso de excavación ofreció como resultado la aparición de un único enterramiento, localizado en la cámara, en mal estado de conservación. El ajuar consistía en algunos fragmentos de cerámica y algunas piezas de sílex, entre las que destaca una punta de flecha sin usar.

El esfuerzo de construcción y el hecho de haber sido ocupada por un solo individuo, avalaría la hipótesis de que se concibiera como sepulcro colectivo y que se abandonara tras la primera deposición, quizás por derrumbe de la parte efímera de la estructura.

DATOS SOBRE EL RITUAL DE ENTERRAMIENTO

Las tumbas situadas en este primer sector fueron revueltas, en parte, durante la Guerra Civil española, usadas como refugio de las tropas republicanas. Sin embargo, no supuso un saqueo arqueológico, pues durante las excavaciones, se recuperaron centenares de objetos prehistóricos y en muchos sectores (corredores, antecámaras y nichos) los estratos no habían sido alterados.

El ritual que se practicó incluía el depósito de restos óseos humanos en las cámaras y nichos, acompañados de numerosos ajuares funerarios, consistentes en la inclusión de vasos cerámicos y herramientas de sílex. Nunca se enterró un cadáver, sino sólo sus huesos. Lo que supone que, en la práctica, debieron existir necrópolis de primera inhumación asociadas a las aldeas que recibirían los cadáveres tras su muerte y que estas tumbas de la Aguilillas eran usadas como panteones colectivos de los distintos grupos tribales acantonados en los valles del Guadalteba y el Turón.

Entre los restos arqueológicos estudiados destacan: un betilo de piedra (amuleto en forma de huevo gigante) y más de doscientos picos de canteros agrupados en la zona de entrada de la tumba 2.

EL MUNDO FUNERARIO DEL ENTORNO

La segunda hipótesis plantea la relación de esta necrópolis con el fenómeno dolménico, tan patente en la zona de Antequera. Los modelos megalíticos habrían calado en estas poblaciones pese a diferencias en sus estructuras económicas. Ya que están son comunidades de sierras con una base agraria escasa que no producirían grandes excedentes económicos. Mientras que, su relación con las economías pastoriles presentes en estas montañas, parecerían más lógicas, pero las modas se aplicarían a través de la utilización de elementos parciales arquitectónicos como el empleo de grandes losas.

Ambas propuestas ponen en evidencia las conexiones entre los territorios nucleares y la periferia, entre las economías excedentarias y las de subsistencia.

De esta misma época de constructores de tumbas son los dólmenes de Menga, Viera y Romeral y la necrópolis de cuevas artificiales de Alcaide (ambas en Antequera), presentando dos modelos completamente distintos. Un yacimiento similar al de Alguillas se conserva en la necrópolis de El Almirón (Almargen).

La arquitectura funeraria prehistórica fue el reflejo de las relaciones entre las estructuras sociales, las tradiciones y la aplicación de la tecnología y el conocimiento, durante la prehistoria.

TUMBA 5

La excavación y estudio de la tumba 5 supuso el análisis de la estructura arquitectónica más interesante del conjunto.

Realmente la composición conceptual es parecida a la mayoría, ya que presenta corredor y un ensanche a modo de antecámara. Siendo la cámara principal, de mayor tamaño, y un nicho de menor tamaño, dispuestos de forma lineal.

Respecto al hecho de que se cubra con grandes losas, se valoran dos hipótesis.

La primera supone el hecho de que los constructores tuvieron un problema de hundimiento en la zona de confluencia entre el corredor y la cámara principal, que solucionaron con muros de contención y dos losas. A partir de este incidente, los constructores deciden cubrir toda la cámara y el nicho con las grandes losas.

La segunda plantea la idea de que fuese construida directamente con modelos arquitectónicos megalíticos, aunque siguiendo un proceso local de excavación de las cámaras. La estructura funeraria resultante, se cubrió con un túmulo. La arquitectura emplea recursos tanto del megalitismo dolménico, como de las estructuras negativas, talladas en las rocas conocidas como “cuevas artificiales”. Un híbrido de gran interés patrimonial.

TUMBAS 6 Y 7

Las dos estructuras, asociadas por proximidad, presentan un modelo parecido, carentes de corredores, con una reducida antecámara y un cámara central o principal, en la que se excavaron tres y dos nichos, respectivamente.

En la tumba siete, la de menores dimensiones de la necrópolis, se conservó, in situ, una gran losa que cerraba uno de los nichos, en cuyo interior se conservaba un enterramiento infantil asociado a una pareja de adultos. Entre la cámara y el exterior, existe un escalón de piedra. En la tumba seis, más grande que la anterior, se conservan tres nichos situados en un plano elevado con respecto al piso de la cámara principal.

El amplio territorio que se abre desde las dos tumbas, prácticamente todo el valle del Turón, desde el norte, relaciona estas construcciones con las campiñas productoras de cereales desde el Neolítico.

La variable del modelo constructivo, sin corredores, no debe suponer, a priori, una variante entre los conceptos sociales y económicos de sus usuarios, ya que el reparto o funcionalidad de las estancias interiores, responde a un único modelo, común al resto de enterramientos de las Aguilillas.

DATOS SOBRE LOS ENTERRAMIENTOS

Las tumbas que se excavaron en el cuarto sector ofrecieron, por cantidad y calidad, la información más abundante e interesante sobre los rituales de los enterramientos que se practicaron en esta necrópolis. El hecho de no haber sido afectadas durante la Guerra Civil, la convirtieron en las únicas que mantuvieron el depósito funerario prácticamente intacto, por lo que se pudo reconstruir los rituales de enterramientos con mayor precisión. El centro de las cámaras contenía numerosos fragmentos líticos tallados, así como gran cantidad de huesos fragmentados, sobre todo de fauna, también, algunos vasos cerámicos rotos. Junto a las paredes aparecieron cráneos y cuencos completos y, contiguos a ellos, objetos considerados de adorno o prestigio, como cuentas de collar fabricadas en conchas marinas, amuletos en piedra, grandes cuchillos en sílex y los únicos objetos metálicos aparecidos en la necrópolis. Los interiores de los nichos que conservaban niveles arqueológicos, permitieron documentar depósitos funerarios que contenían un varón y una mujer, en cada uno de los casos, salvo en uno de ellos donde además había restos óseos de un individuo infantil (sin precisar sexo).

RITUALES DE LA INHUMACIONES Y ASPECTOS ANTROPOLÓGICOS

De las investigaciones arqueológicas y antropológicas se deducen los siguientes datos científicos:

  • Se han documentado restos de 51 personas (repartidos en porcentajes parecidos hombres y mujeres). La edad más frecuente de muerte es alrededor de los 40 años. Aunque hay más de doce con edad inferior a los 15 años.
  • Todos los enterramientos estudiados son en segunda deposición. Las Aguilillas fueron una serie de panteones con osarios.
  • En las poblaciones que usan la necrópolis se documentan dos grupos raciales. Uno de ellos pudiera provenir de zonas centroeuropeas, el otro, probablemente, procedan de poblaciones más autóctonas. Los enterramientos de ambos grupos están mezclados.
  • De todos los estudios y análisis realizados se desprende que la necrópolis fue construida y usada durante casi dos siglos, entre hace 3.900 y 4.100 años antes del presente.
  • Las excavaciones se desarrollaron en 1994.